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¿POR QUÉ ES MEJOR UN DIVORCIO QUE UNA MALA RELACIÓN?

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Cualquiera que se esté planteando una separación pasa por el temor de lo complicado que puede llegar a ser para los niños.

No cabe duda de que el divorcio es duro para los niños, pero es mucho mejor que criarlos en medio de una relación donde los conflictos están presentes de forma continuada.

Si sigues casado por tus hijos, los expones a discusiones diarias, a una atmósfera negativa, a gritos, a una posible violencia y a un ambiente que no es tranquilo ni pacífico en absoluto. Esto tiene un gran impacto para tu hijo. Cuando los padres mantienen una relación de mala manera, los niños tienen que aguantar las consecuencias de un ciclo sin fin de disputas, rencor, tristeza e incluso odio. Un mal matrimonio es una herida abierta que nunca puede cerrarse, ya que la costra se levanta una y otra vez, a pesar de que los padres intenten a toda costa seguir juntos por sus hijos. Los niños viven en un entorno volátil que, aunque no sea violento, no es enriquecedor ni cariñoso.

Aunque los estudios afirman que el divorcio tiene un fuerte impacto en los niños, no tienen en cuenta el permanente daño emocional que los niños sufren cuando viven en una casa con unos padres que no pueden soportarse. Una buena ruptura libera a todos de ese entorno y ofrece numerosos beneficios a los niños:

– Dos casas en las que no hay discusiones constantes. Esto permite a los niños ser, simplemente, niños, sin tener que sobrellevar las complejas emociones negativas presentes en una casa repleta de conflictos. Efectivamente, tener dos casas supone un cambio. No siempre es perfecto, pero dos hogares sin peleas casi siempre es mejor que una con tensión marital y luchas constantes.

– Una base emocional más tranquila. Las cosas se complican en los meses que siguen al divorcio, pero la mayoría de familias superan esta transición y encuentran la normalidad. Los niños ya no tienen que surfear las olas de la relación de sus padres día sí y día también. Las cosas se estabilizan y todos nos mostramos más tranquilos y menos combativos.

– Padres felices. Los beneficios son enormes. Las personas felices son mejores padres. La gente feliz crea un entorno feliz. Los niños se contagian de esa felicidad. Aunque tiene que pasar un tiempo para encontrar el equilibrio tras el divorcio, al final suele llegar y es mucho mejor que vivir años de infelicidad en un matrimonio difícil.

– Los niños aprenden que el compromiso importa. Cuando ven que sus padres colaboran en su crianza y se esfuerzan por solucionar las cuestiones del divorcio, los niños aprenden que el compromiso es una práctica importante y efectiva. Aunque todos los cambios implican retos, superarlo enseña a los niños a sobrellevar los momentos difíciles para tener un futuro más brillante. Los padres que deciden mediar su separación demuestran a sus hijos que es preferible trabajar juntos para encontrar una solución antes que pelearse.

– Los padres que eligen la felicidad personal enseñan a sus hijos a hacer lo mismo. Aunque dar prioridad a los hijos suele considerarse lo normal en la crianza, tomar la decisión de que tu felicidad personal es más importante que tener un núcleo familiar bajo el mismo techo envía un potente mensaje a los niños. Les enseña que todo el mundo merece ser feliz y que la felicidad es importante en su vida.

– Los padres divorciados pueden encontrar la clave de la crianza tras la separación. No siempre está garantizado, pero si tenéis un plan razonable para criar a vuestros hijos y estáis dispuestos a cooperar, cada progenitor desarrolla un estilo de crianza único a través del tiempo que pasa a solas con sus hijos.

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