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LA NARANJA PRODIGIOSA

Valóranos

Ante una terrible tragedia que asoló el planeta, dos hombres que caminaban malheridos por una calle en ruinas, buscando supervivientes y  provisiones, decidieron hacer un alto en su ardua tarea y se sentaron, desolados a charlar un rato.  Ambos habían perdido todas sus pertenencias y  a muchos seres queridos, pero tenían algo más en común, las personas más importantes de cada uno de ellos habían sobrevivido aunque se encontraban gravemente heridas.

Los dos sabían cuál era el remedio para la curación de sus familiares, las Naranjas Feinshu, una especie autóctona y poco común y que dadas las condiciones,  eran muy difíciles de encontrar, sin embargo decidieron emprender viaje a las afueras de la ciudad, donde solía haber cultivos y árboles frutales.

Una vez allí, comenzaron a rastrear juntos los campos arrasados en busca de la ansiada fruta. Después de unas  horas, ambos se encontraron frente a una intacta y apetitosa naranja. Se miraron el uno al otro y un torrente de pensamientos les invadió a cada uno de ellos. Habían compartido días juntos, pero ahora se encontraban con lo que más necesitaban,  con la solución a su problema pero con el conflicto de que solo había una unidad.

Los dos estaban agotados y desesperados así que tras unos segundos mirándose fijamente el uno al otro, se lanzaron a por la naranja; uno la cogió primero pero momentos después se la arrebató el otro en medio de una polvareda de tierra, golpes y sangre. La naranja pasaba de mano en mano y rodaba por el suelo, hasta que fue a parar a los pies de una anciana. Los dos hombres ensangrentados, la miraron desde el suelo y perplejos observaron cómo la mujer se agachaba y cogía la naranja.

Tranquila y sosegada se acercó a los hombres y les dijo: “Sé por lo que peleáis, conozco las propiedades de esta naranja e imagino que si tan duro os golpeáis es porque realmente la necesitáis”.

Uno de los hombres, con lágrimas en los ojos, exclamo: “¡mi mujer se está muriendo!, necesito la naranja para salvar su vida”. El otro hombre, le interrumpió diciendo que su único hijo de dieciséis años, había perdido mucha sangre y estaba muy débil, cada vez más cerca de la muerte.

La anciana asintió, mientras movía la naranja de una mano a otra. “Ahora no tenéis la naranja ninguno, la tengo yo, pero tranquilos,  yo no la quiero, he sido la única superviviente en mi familia y por suerte o por desgracia yo solo tengo unos rasguños. Entiendo que ambos la queráis pero la pelea solo puede acabar con la muerte de uno de vosotros y con la del familiar del que pierda la lucha. Si queréis seré vuestro testigo y árbitro de la contienda, pero ya os digo, el final traerá consigo la muerte y tampoco garantiza la supervivencia del familiar del vencedor, pues el tiempo corre en vuestra contra”.

Uno de los hombres, arrodillado en el suelo y casi sin fuerzas, preguntó: “¿Qué sugieres anciana?, ¿Quieres que deje a mi hijo morir por su mujer?”

La anciana se sentó y les dio agua, limpiando las heridas de su cara, poco después ellos se también se sentaron exhaustos junto a ella. Mientras, la anciana se dirigió a uno de ellos, y le preguntó, “¿Exactamente qué le pasa a tu mujer?” El hombre, sorprendido aunque al borde de la derrota, se desmoronó y relató todo lo ocurrido y las lesiones de su mujer. A continuación, la anciana se interesó por la historia del hijo del otro hombre. Ambos lloraban.

-Anciana: ¿Por qué habéis pensado que las Naranjas Feinshu son la única salvación?”

-Hombre 1:¡Lo sabe todo el mundo! Tienen propiedades curativas. Ante la ausencia de hospitales y medicamentos, es la única alternativa.

-Anciana: Entiendo. Contadme de sus propiedades.

-Hombre 2: La pulpa ayuda a parar las hemorragias y es precisamente lo que mi hijo necesita después de haber perdido tanta sangre.

-Hombre 1: ¿La pulpa? ¿Tú necesitas la pulpa? Yo necesito la cáscara rayada para curar la infección de una herida. Mi mujer tiene mucha fiebre.

Los dos hombres emocionados se abrazaron y emprendieron el viaje de regreso a casa, dispuestos a compartir la naranja que salvaría la vida de sus seres más queridos. Antes de marchar, agradecieron a la anciana su ayuda, reconociéndole el poder resolutivo de las palabras frente al de la violencia.

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