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COMUNICACIÓN NO VERBAL, PODER Y COMPLEJIDAD

Valóranos

A pesar de que la investigación y los datos que existen en cuanto a la comunicación no verbal son escasos y quizás poco concluyentes, disciplinas como la Psicología, han reconocido que los movimientos corporales de una persona y su expresión facial, son indicadores que proporcionan información acerca de las emociones y los sentimientos.

En mediación familiar, el análisis de la conducta no verbal, cobra especial relevancia, pues al tratarse de un encuentro interaccional, fluye gran cantidad de contenido emocional que es canalizado, generalmente, a través de la comunicación (verbal y no verbal). No obstante, hemos de tener presente que no todas las personas se enfrentan a un proceso de mediación de la misma manera. El discurso y la conducta no verbal pueden ser diferentes dependiendo del ser humano, incluso incongruente en la misma persona.

Podemos intentar inhibirnos de lo que expresamos de forma no verbal por querer ocultar emociones o sentimientos que no queremos que aparezcan en la interacción. Esta actitud, si es persistente, mediatizará la interacción y aumentará la posibilidad de que aparezcan episodios de tensión que pueden estar presentes desde el inicio hasta el final. En mediación, entendemos que en el comienzo de las sesiones, especialmente en las primeras, puede darse cierta tensión y angustia. Lo adecuado es facilitar estrategias y fomentar un clima de seguridad y confianza para que esas tensiones, propias del contexto, se vayan rebajando. Otras personas se sienten liberadas al exponer las emociones, percibiendo que los gestos y los movimientos expresan más que las palabras. Otra forma, sería no sentir preocupación, asumir que la comunicación es un todo, que es imposible no comunicarse y que en cualquier interacción, estaremos comunicando de manera verbal y no verbal, sin preocuparnos de cada gesto o expresión corporal y de lo que pueda significar a ojos de otros.

Es importante destacar que como profesionales no podemos interpretar un gesto de forma aislada, pues esa expresión se ha generado dentro de una interacción y hay que dotarla de significado dentro del conjunto de la comunicación que se está dando entre las personas. Es decir, como ya se ha mencionado y tal y como acuñaba Watzlawick, en su Teoría de la Comunicación Humana,  la comunicación es un todo y contemplar un hecho sin tener en cuenta el contexto, las personas implicadas y la comunicación verbal y no verbal, restará a la interpretación profesional matices, proporcionando una información sesgada y poco precisa.

En las ciencias humanas, es imprescindible tomar conciencia de la importancia de la comunicación no verbal. Asimismo, hemos de ser conscientes de que durante las sesiones de mediación, desde su inicio hasta su finalización, vamos a estar expuestos a la recepción constante de estímulos de las partes (gestos, expresiones faciales, posturas corporales, variaciones lingüísticas como el tono de voz, el volumen, el ritmo, etc). Hemos de ser, por tanto,  prudentes y conscientes de nuestros propios sesgos a la hora de hacer interpretaciones, teniendo en cuenta que nuestra atención es selectiva y la comunicación humana es extremadamente compleja y aún, un territorio con muchas áreas qué explorar.

El torrente de estímulos y señales que los mediadores van a recibir será una fuente inmensa de información que los profesionales tendrán que procesar y contextualizar para poder llevar a cabo una interpretación lo más ajustada posible a la realidad, libre de prejuicios, valores y creencias. Pensemos pues, en que la conducta no verbal es una herramienta más que nos va a proporcionar información acerca del estado emocional de las partes, integrando cada gesto y cada movimiento en todo el conjunto situacional y emocional en el que se encuentran las partes.

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